Investigación & Desarrollo
Autor: DiarioLechero , 16 de noviembre de 2020

Marta Alfaro, Subdirectora Nacional de I+D+i de INIA: “En el uso de fertilizantes comienzan a aparecer nuevas posibilidades"

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La especialista del Instituto de Investigaciones Agropecuarias entregó recomendaciones técnicas para la fertilización nitrogenada y llamó a aprovechar el aporte de los suelos y aplicar un enfoque de economía circular.

La Subdirectora Nacional de I+D+i del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), es una reconocida investigadora que ha trabajado en temas ligados al medioambiente, junto con la fertilidad de suelo y fertilización en predios ganaderos. Para conocer su perspectiva en este Especial de "Nuevas tecnologías de fertilización nitrogenada", el Diario Lechero conversó con esta destacada especialista de INIA.

¿Qué recomendaciones le podemos dar a los productores lecheros en esta época, considerando que están en plena producción de ensilaje y henilaje?

Esta es la época en la que las plantas se encuentran en rápido crecimiento presentan una alta demanda de nitrógeno. En suelos con altos niveles de fertilidad o adecuadamente fertilizados, sin restricciones de acidez, de pH o de fósforo, el suelo es capaz de aportar una parte importante del nitrógeno requerido vía mineralización, considerando que aún existe humedad y hay algo más de temperatura ambiental, lo que favorece el crecimiento de manera natural del forraje. Sin embargo, para generar efectos explosivos de crecimiento, pensando en un corte para ensilaje o henilaje, se recomienda fertilizar en dosis de entre 40 a 50 kilos de nitrógeno por hectárea. 

La intención es que este nitrógeno sea aplicado no cuando la pradera está cortada a ras, sino que exista algo de crecimiento, ya que esto favorece la respuesta de las plantas entendiendo que la actividad fotosintética es necesaria para que haya absorción de agua, de nutrientes y con ello crecimiento. Por lo tanto, es bueno que estas aplicaciones se realicen cuando ya haya algo de crecimiento en la pradera, si es que estamos hablando de un segundo corte, por ejemplo. Respecto de las fuentes de nitrógeno a aplicar, dependiendo de qué tan retrasados estemos con la aplicación, en vez de usar urea, que es la fuente tradicional para fertilización, se podrían usar otras como nitratos de amonio calcáreo, con la finalidad de aportar algo de nitrógeno de muy rápida disponibilidad.    

¿Qué nuevos fertilizantes hay actualmente en el mercado desde el punto de vista productivo y ambiental?

Respecto de nuevos fertilizantes ha habido mucho movimiento en la industria particularmente en los fertilizantes nitrogenados, tratando de lograr dos objetivos: por un lado, aumentar la eficiencia de los fertilizantes que se aplican y con ello reducir las pérdidas al ambiente, y en algunos otros casos, dependiendo del tipo de desarrollo, sincronizar de mejor manera la disponibilidad del nitrógeno aplicado como fertilizante con las necesidades y las demandas de la planta de acuerdo a su tasa de crecimiento. 

Las tendencias a nivel global incluyen en distintos ámbitos, por ejemplo, fertilizantes que consideran la protección del medio ambiente y que fueron desarrollados con la finalidad de reducir las pérdidas de nitrógeno, ya sea por lixiviación o arrastre por acción del agua, o al ambiente, en  forma de óxido nitroso o de amoniaco, ambos gases con implicancias para el cambio climático, en forma directa o indirecta. Entre estos grupos se encuentran los inhibidores de la nitrificación, en su mayoría desarrollados en Europa. De esos fertilizantes hay varios en el mercado en Chile, son de un color verde agua o azulado, mientras que los inhibidores de la volatilización, también disponibles en el mercado, consideran la incorporación del NBPT, que es un inhibidor de la volatilización. Estos son fertilizantes que fueron desarrollados para reducir la volatilización de amoniaco en Estados Unidos. 

Hay que considerar que habitualmente este tipo de productos son más caros por kilo de nitrógeno, o por unidad de nitrógeno aplicada, que los fertilizantes tradicionales como la urea por ejemplo. Y eso es importante considerarlo en la toma de decisiones del productor. Si queremos invertir la misma cantidad de recursos de un año para otro, deberemos ajustar la dosis y con ello la cantidad de fertilizante. Dado que estos fertilizantes buscan aumentar la eficiencia del nitrógeno aplicado, rebajar la dosis a usar entre un 10 y un 15%, sería lo adecuado. 

En general, los resultados que hemos obtenido en ensayos desarrollados por INIA Remehue en Osorno muestran que ambos, los inhibidores de la nitrificación o de la volatilización son efectivos desde la perspectiva ambiental, pero el aumento de producción depende mucho del tipo de cultivo y de la época de aplicación, por lo que es importante hacer la consideración del costo-beneficio y del valor de la unidad. 

Hay otros productos en el mercado que se consideran de liberación lenta o de liberación controlada, que son fertilizantes nitrogenados que vienen envueltos por una capa protectora y que al hidratarse en el suelo van entregando lentamente el nitrógeno o el fósforo, para lograr sincronizar el aporte de nutrientes del grano con el crecimiento, y por tanto la demanda, de la planta. 

Hay productos que ofrecen o comprometen tasas de liberación de hasta dos meses y otros que llegan hasta cuatro y seis meses, dependiendo del producto que se seleccione. En particular aquellos que son de cuatro a seis meses de entrega, tienen una disponibilidad inicial de nitrógeno muy baja, por lo que conviene aplicarlos de manera conjunta a través de una mezcla física, con un fertilizante tradicional de disponibilidad más rápida, con la finalidad de no limitar el crecimiento de la planta en el periodo inicial post aplicación. 

¿Qué otras tendencias o novedades se observan? 

Respecto de tendencias adicionales en el uso de fertilizantes comienzan a aparecer nuevas posibilidades en el horizonte, como el desarrollo de fertilizantes con el uso de nanotecnología. Existen varios ejemplos y bastante investigación a nivel global para el uso de nanofertilizantes aplicados al suelo. Lo que se conoce hasta ahora es que logran aumentar la eficiencia de la entrega, reduciendo las dosis de nitrógeno aplicado, desde un 20 y hasta un 60%, dependiendo de los ensayos, de los tipos de cultivos y de suelo. Eso es algo que aún está en fase de validación más productiva a nivel global, pero que sin duda representa una tremenda oportunidad hacia el futuro. 

Hay algunas consideraciones respecto de su costo, como también de los residuos que pudieran quedar en el suelo, debido que en estos casos el nutriente se embebe en una matriz, que pudiera generar residuos. 

Otra tendencia importante es el desarrollo de nuevas moléculas para aplicación foliar, donde hay bastantes avances en términos generales. Se trata de moléculas que logran disponibilizar los nutrientes, en particular el nitrógeno, de manera directa a la hoja. En algunos casos, a los fertilizantes foliares se le han incorporado los mismos inhibidores que previamente comentábamos para el suelo, lo que permitiría reducir la dosis de nitrógeno aplicado, dado que no tendríamos el paso del fertilizante por el ciclo del nitrógeno en el suelo, que constituye una limitación a la eficiencia en el uso de fertilizantes nitrogenados en nuestros suelos. Las implicancias ambientales del uso de estos productos todavía se están evaluando, hay algunos que parecieran ser más eficientes, pero otros que parecieran aumentar las pérdidas por la volatilización de amoniaco por ejemplo, y eso es algo que todavía requiere mayor análisis. 

¿Qué otras recomendaciones podría dar a modo de conclusión?

Lo más importante dentro de estos casos es considerar que la fertilización inorgánica que realizamos a través de fertilizantes que adquirimos y que son exógenos al predio debe ser complementaria a los nutrientes que existen en el predio desde la perspectiva del balance de nitrógeno, buscando evitar que exista un exceso de nitrógeno en el sistema productivo, puesto que esto genera implicancias negativas para el medio ambiente. 

También es importante comprender que la aplicación de dichos productos debe ser complementaria al aporte del nitrógeno que hace el suelo. Sabemos que nuestros suelos con alto contenido de materia orgánica en la zona sur de Chile, hacen aportes importantes, de entre 200 y 280 kilos de nitrógeno por hectárea al año, dependiendo de las características del año, del contenido de materia orgánica y de la fertilidad del suelo. Esto es también complementario a toda la reutilización de los residuos orgánicos que existen disponibles en el predio, desde la perspectiva de economía circular, los que pueden usarse como fertilizantes a lo largo del año. Por lo tanto, cualquiera de las consideraciones que hemos comentado respecto de fertilizantes químicos debe ser complementaria a estas dos perspectivas anteriores. Esto no sólo permitirá reducir el potencial riesgo ambiental de la actividad productiva, sino que también representa una oportunidad para la reducción de costos a nivel predial.

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